Las Artísticas Superiores, Ahora sí

22 premios nacionales piden cambios en las enseñanzas artísticas superiores

Hace 10 años un grupo de grandes músicos presentó en Madrid un manifiesto en defensa de las enseñanzas artísticas superiores. Los 22 Premios Nacionales de Música firmantes, entre quienes se encontraban Cristóbal Halffter, Teresa Berganza, Luis de Pablo, Alicia de Larrocha, Joan Guinjoan y José María Sánchez Verdú, mostraron su profunda decepción y preocupación por la situación y pedían una regulación que aumentase la autonomía académica y jurídica de los centros superiores, atenazados en el sistema de la educación secundaria a pesar de impartir títulos superiores equivalentes a todos los efectos a los universitarios.

El próximo lunes 15 de junio algunos de aquellos músicos volverán a reivindicar exactamente lo mismo que en 2005: la urgente necesidad de una regulación propia que otorgue a nuestros centros el estatus que les corresponde dentro del Espacio Europeo de Educación Superior. La cita es a las 12:30h en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid y ha sido convocada por la plataforma Músicos por un nuevo diseño de las enseñanzas superiores.

Seguimos en el mismo sitio, es cierto, pero las condiciones actuales para alcanzar los objetivos son totalmente distintas: hoy estamos preparados para el cambio y la legislación acaba de abrir las puertas a la solución definitiva con la aprobación el 29 de mayo del Real decreto de creación y reconocimiento de universidades y centros universitarios (publicado en el BOE el 17 de junio de 2015).

Hagamos un breve repaso a lo que ha sucedido en la década que separa ambos manifiestos.

El primer gran paso se dio en 2006 con la entrada en vigor de la LOE, que situó a nuestras enseñanzas en el Espacio Europeo de Educación Superior, fundamentalmente con la adopción de la estructura basada en dos ciclos (grado y posgrado), el sistema de créditos ECTS y el Suplemento Europeo al Título. Tras la implantación de los nuevos títulos en 2009, ahora están saliendo las primeras promociones de titulados superiores y ya se ofertan titulaciones de máster en varias comunidades autónomas, en algunos casos asociados a programas de doctorado.

Otros ámbitos en los que se ha producido una verdadera transformación en nuestros centros son la movilidad internacional y la cualificación académica del profesorado. Solo en la movilidad del programa Erasmus+ en algunos casos se llega a rozar el 10% del alumnado, porcentaje que se supera ampliamente en la de profesores. El título de máster está prácticamente normalizado en el profesorado actual y el número de doctores crece de forma exponencial (casi inexistente en 2005, hoy supone ya un porcentaje significativo de los claustros), lo que además de la cualificación del personal docente está generando un importante corpus de trabajos de investigación y publicaciones.

En cuanto al desarrollo legislativo, desde que en 1970 la Ley General de Educación determinara sin éxito que nuestros centros se incorporasen a la Educación universitaria, han sido múltiples y recurrentes las iniciativas en favor de la entrada de las enseñanzas artísticas en la universidad. Solo en los últimos diez años hay que destacar el manifiesto redactado en 2009 por la Coordinadora estatal de enseñanzas artísticas superiores (CEEAASS) por la plena integración en la universidad que contó con un amplio apoyo personal e institucional; la creación en 2011 de la Asociación para la Defensa de las Enseñanzas Musicales y Artísticas con el fin de conseguir que los conservatorios superiores se transformen en facultades universitarias y la Proposición no de Ley para la adscripción de las Enseñanzas Artísticas Superiores en la Universidad que el pasado 30 de abril llevó a la Mesa del Congreso de los Diputados el Grupo Parlamentario Socialista.

Estos movimientos reflejan la necesidad de una solución urgente y al mismo tiempo la tensión que se vive en nuestras comunidades educativas, que tratan de sobrevivir en un marco a todas luces inadecuado. Pero cualquier iniciativa ha chocado hasta ahora con la legislación, que no hacía viable esta integración, y con la evidente apatía de los gobiernos y las universidades a este respecto.

Junto a estas propuestas de integración en la universidad, mediante la conversión en facultades universitarias o centros adscritos, ha convivido otra mucho menos jaleada y hasta casi ignorada por las grandes plataformas: la conversión de nuestros centros en universidades. Y justamente hoy es ésta la tesis que cobra más fuerza, la que resulta más factible y sin duda la que más interesa a nuestros centros y nuestras enseñanzas.

La propuesta arranca del informe que el jurista Antonio Embid Irujo realizó en 1997  y en el que concluía que la mejor solución para nuestros centros consistía en otorgar la consideración de universidades a los centros superiores de enseñanzas artísticas.  Su propuesta, mientras la normativa no lo permitiera, fue la de dotarles de la mayor autonomía a través de su conversión en Institutos Superiores de Enseñanzas Artísticas, lo que tuvo un primer ensayo en Aragón, que a pesar de concebir la idea no llegó a culminarla, y se convirtió en una realidad con la puesta en marcha en 2007 del Instituto Superior de Enseñanzas Artísticas de la Comunitat Valenciana (ISEACV).

Desde aquel lejano 1997 han sido pocas las voces que han apostado por la conversión de los centros de enseñanzas artísticas en universidades, entre quienes destacan las de algunos directivos de la Asociación Española de Centros Superiores de Enseñanzas Artísticas (ACESEA), pero ninguna tan convencida y convincente como la de Álvaro Zaldívar que desde hace más de una década viene defendiendo el modelo de las universidades de las artes vigente en países como Alemania y Austria y que recientemente se ha introducido también en Argentina.

La creación de las universidades de las artes en España es hoy posible gracias a la reciente aprobación del Real decreto de creación y reconocimiento de universidades y centros universitarios. Uno de sus contenidos más controvertidos y que mayor rechazo ha provocado entre las universidades es precisamente el que nos favorece, ya que a partir de ahora para crear una universidad ya no será necesario que los títulos a impartir cubran las distintas ramas del conocimiento. Es decir, que igual que va a ser posible crear universidades de derecho o de medicina, se podrá crear una Universidad de las Artes, transformando los actuales centros superiores de artísticas y dotándoles de la estructura adecuada a las enseñanzas que imparten.

Las comunidades educativas de las artísticas superiores hemos hecho los deberes y la legislación a día de hoy permite dar el salto. Solo hace falta que el sentido común haga su trabajo y desde el ámbito administrativo se den los pasos necesarios para que de una vez por todas se orienten de forma oportuna las Enseñanzas Artísticas Superiores en España.

Hoy no quiero hablar de la precariedad del funcionamiento de nuestros centros y de lo lejos que nos encontramos del resto de países europeos. Dejadme soñar por un día que el cambio es posible.

Algunos de los firmantes del manifiesto de 2005 ya no podrán verlo, pero si conseguimos estar unidos, si confiamos en nosotros mismos y somos capaces de luchar con mano firme por el espacio que nos corresponde, dentro de diez años los problemas serán otros: la evaluación de la calidad, la puesta en marcha de programas de máster y doctorado, el establecimiento de convenios de colaboración, la adscripción a programas de investigación, desarrollo e innovación, la excelencia artística y profesional, la competitividad a nivel internacional, … ¡Benditos problemas!

 

Antonio Narejos
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Si al lector le parecen demasiado optimistas mis palabras y prefiere elevar su tasa de irritación le sugiero leer los dos artículos anteriores de este blog: Evaluar la calidad de los Conservatorios Superiores y Del Profesorado en los Conservatorios Superiores de Música

 

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