Folklore vivo en Barranda

Jóvenes cuadrillerosEste fin de semana visitamos Barranda dispuestos a vivir sus fiestas desde adentro. Esta pedanía de Caravaca de la Cruz apenas alcanza 900 habitantes, pero el último domingo de enero de cada año sus calles y plazas se llenan de visitantes, llegando a superar las 20.000 almas.

Desde hace 31 años Barranda es una explosión de música y bailes populares. En esta ocasión han sido 14 las cuadrillas que se han dado cita, procedentes de toda el área de tradición animera, desde la región de Murcia hasta Albacete y Málaga. La cuadrillas, también llamadas aguilanderos, animeros, rondas o pandas según su ubicación geográfica, tienen una formación instrumental muy similar: Además de las voces (alternando partes corales y a solo) su formación más frecuente está compuesta por un violín, laúdes y bandurrias, además de guitarras, guitarras tenores y guitarros, crótalos, aquí llamados platillos, panderos y castañuelas.

En su origen, las cuadrillas estaban vinculadas a Hermandades religiosas y a la tradición de pedir para las ánimas del purgatorio. Hoy su actividad se extiende a lo largo de todo el año, con su presencia en  las misas de Gallo o de Reyes y en otros momentos puramente festivos como bailes y romerías, ligados con frecuencia a viejas tradiciones como los bailes de pujas o de inocentes.

Una Fiesta intergeneracionalA medio día, y a lo largo de la calle Mayor y adyacentes de Barranda, se sitúan los distintos grupos alrededor de los cuales se abren de forma espontánea espacios para bailar. Aquí encontramos juntos, participando de la misma fiesta y el baile a niños, jóvenes, mayores y ancianos, abandonados todos a la diversión y al goce de la música y la danza.

Por la tarde tiene lugar el choque de cuadrillas, donde la palabra se convierte en el arma de desafío a través de las ingeniosas coplas improvisadas por los “guiones”. Y por la noche, al cobijo del frío el baile sigue, como ellos dicen, «hasta que el cuerpo aguanta».

Jotas, parrandas, pardicas, malagueñas y verdiales fueron los estilos más oídos a lo largo de toda la jornada. Una de las características musicales autóctonas que más me llama la atención en la realización de los ritmos ternarios es que los acordes cambien sobre el tercer tiempo y no al principio del compás, produciendo así una especie de síncopa armónica que le infunde mayor dinamismo al ritmo. Pero el atractivo de la Fiesta no es el de acercarse a ella como a un objeto de análisis. A los músicos con frecuencia nos puede el prejuicio de juzgar la música popular con criterios y valores de propios de la música culta. Para nosotros a menudo al folklore adquiere valor cuando es tamizado y reelaborado por el compositor, como si en su expresión natural tuviera un menor valor artístico…

La participación como espectador no implica una mera presencia externa, sino una implicación en el ritual. En una suerte de transformación esencial, Barranda consigue que el espectador ocupe el lugar de quien canta, de quien interpreta un instrumento o de quien baila. Todos participan en la fiesta sin otro objetivo o intención, sin mayor esfuerzo que dejarse embriagar por ella. En eso consiste la  fascinación de la fiesta, en que se hace dueña de todo aquel que se le acerca. Según Heers el hombre actual, ahogado por objetivos concretos y por la producción, ha perdido contacto con amplias dimensiones de la realidad. «Por consiguiente, la actitud festiva ya no es precisamente un lujo en la vida. Le da al hombre la oportunidad de restablecer unas correctas relaciones con el tiempo, la historia y la eternidad» [1]

Música y baile con los Aguilanderos de BarrandaLa labor de sus anfitriones, los Aguilanderos de Barranda y de Juan Fernández en particular, pero ¿cómo no? la labor de un pueblo entero volcado en la organización, tiene su recompensa en el propio ser de la fiesta y el de su retornar año tras año. Como los ciclos de la naturaleza, el eterno retorno del que hablaba Azorín, siguiendo a Nietzsche, nos da la clave para comprender su esencia… «como esas nubes que son siempre distintas y siempre las mismas», o cuando dice: «La vuelta eterna no es más que la continuación indefinida, repetida de la danza humana» [2].

La de Barranda es la fiesta de música tradicional más antigua de las que actualmente se celebran en España. La programación se complementaba el viernes y sábado con unas Jornadas sobre Cultura de Tradición Oral y con el festival Barranda Folk, hasta altas horas de la noche. Llegamos a tiempo de escuchar a la Banda del Pepo y a Triquel, pero recordaremos de modo particular la seducción del cuentacuentos camerunés Boniface Ofogo, que nos aproximó a la cultura y los valores de los pueblos de África.

¡Cuánto nos queda por aprender si somos capaces de despojarnos de nuestra soberbia racionalista!

Antonio Narejos

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Notas:

[1] Heers, Jacques: Carnavales y fiestas de locos. Península, 1988, pág. 60.

[2] Azorín: Castilla, Editorial Biblioteca Nueva, S.L., Madrid 2001.