Arte y provocación

En septiembre de 2001 el gran compositor Karlheinz Stockhausen pronunciaba unas palabras en el marco del Festival de Música de Hamburgo que llevaron a muchos a la indignación. Stockhausen se refirió a los atentados contra las Torres Gemelas de Nueva York (donde perdieron la vida 3.000 personas) diciendo: «Lo que ocurrió allí – y ahora todos ustedes tienen que cambiar su mente- es la mayor obra de arte que haya existido jamás» [1].

Antes de hacer ningún comentario al respecto permítanme conectar la macabra “boutade” artística de Stockhausen con otra joya similar, pronunciada en esta ocasión por uno de los máximos exponentes de la fe católica. Tras el terremoto de Haití (que causó casi 200.000 muertos) Monseñor José Ignacio Munilla dijo sin ningún empacho que «existen males mayores que los que están sufriendo los pobres de Haití […] como nuestra pobre situación espiritual y nuestra concepción materialista de la vida. Quizá es un mal más grande el que nosotros estamos padeciendo…» [2]

Presupongo que tanto las palabras del compositor alemán como las del Obispo de San Sebastián fueron dichas en el uso de sus plenas facultades mentales. Pero entonces, ¿por qué chirrían tanto en nuestros oídos y golpean nuestras conciencias? Sinceramente no creo que estas palabras fueran delirantes, ni que encerrasen desdén hacia los que sufren o desprecio por la vida en general.

Posiblemente lo único que pretendían ambos era provocar, remover conciencias, o quizá buscaban elevar nuestro espíritu a esferas de la energía metafísica todavía sin transitar. Lo que está claro es que confundieron el término comparativo en sus elucubraciones. Aquí radica su error: Puede que todo sea cuestión de proximidad en el tiempo o en el espacio. Me explico.

Pensar en los caídos de las Guerras Púnicas entre Roma y Cartago no me produce el mismo sentimiento de pesar que las tragedias que cada día veo en la televisión. Ni éstas el mismo impacto que un accidente que he podido presenciar en vivo. Como tampoco el mismo sufrimiento que si en esa u otra desgracia hubiera muerto un ser querido. Todo habría sido distinto si en sus reflexiones ambos hubieran aludido realidades más abstractas o lejanas, en lugar de a las víctimas de Nueva York o los ‘pobres’ de Haiti, justo cuando los muertos todavía estaban calientes.

Me molesta que, en su afán por guiarnos espiritualmente, los artistas y los curas traten de provocarnos mezclando supuestos principios éticos y estéticos con lo más sensible de nuestra experiencia. ¡Cuántas atrocidades no se han dicho y hecho en nombre de Dios! y ¡Cuántas cagadas en nombre del progreso en el Arte!

La vanguardia artística y la retaguardia religiosa de hoy se miran en el mismo espejo, alejándose cada día más del mundo en que vivimos. Quizá nos encontremos ante una bifurcación en el camino, una encrucijada que separa una ética religiosa y una estética artística basadas en la provocación, de otras que están reclamando una moral y un arte más humanos y sociales. Yo tomo ésta última opción para continuar mi viaje.

Antonio Narejos
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[1] 16-09-2001 en Hamburger Abendblatt (diario alemán)
[2] 14-01-2010 en Radio Cadena Ser