Tradición e innovación en la creación musical actual
Acabo de escuchar la Tertulia de Radio Clásica, conducida por Luis Ángel de Benito. En esta ocasión el tema de fondo ha sido “Tradición e innovación” y los integrantes de la mesa, junto a su moderador, los compositores José Peris, Manuel Seco y Enrique Rueda.
Escuché con cariño, ya que José Peris (alumno de Orff, Milahud y Nadia Boulanger) fue mi admirado maestro de armonía y contrapunto. Manuel Seco mi amigo, de quien tuve el placer de estrenar varias obras (Sonata para piano, de la que tengo el honor de ser dedicatario y el Concierto para piano y orquesta, entre otras) y cuyas obras pianísticas hasta 1991 grabé en un Compact disc monográfico. A Rueda era la primera vez que escuchaba hablar. Ya su música me atrae con fuerza, pero ahora sus intervenciones me han permitido apreciar a un músico de gran coherencia y compromiso.
Se habló desde la cordura y desde una clara independencia respecto de las líneas “oficiales” de la música contemporánea española. Aunque solo me detendré en una de las muchas ideas suscitadas: En un momento de la tertulia llegó a decirse que “en música está todo hecho”.
Esto, que en apariencia suena a punto final, abre sin embargo, a mi entender, una nueva perspectiva para la creación contemporánea. No se trata de “revolucionar” sino de “evolucionar”, como ha dicho Peris. El compositor debe crear desde la sinceridad y la profunda convicción en lo que hace, pero al mismo tiempo apoyándose en el conocimiento y el bagaje histórico que, como enanos a hombros de los gigantes, tenemos la fortuna de contemplar.
Nuestra escucha y valoración de la música del pasado no es ingenua, ya que en ella se imbrican nuestras vivencias y el conocimiento de toda la música posterior. Tras cada nueva experiencia sonora nos convertimos irremediablemente en otros. En este sentido la música nueva no tiene por qué aspirar vanidosamente a ser ‘original’ o novedosa a ultranza.
La música nueva no será otra cosa que el eterno retorno (en el sentido de circularidad en la concepción del tiempo propuesta por Nietzsche), capaz de encerrar la perfecta y maravillosa singularidad de cada instante cuando es vivido en primera persona. Ahí está el margen sutil que separa lo que es genuino y valioso, tanto si asume como si no su deuda con la tradición, del mero refrito intertextual y la banal estravagancia disfrazada de intelectualidad.
Allí está el camino a seguir, el que nos permitirá salir del frio invierno al que nos condujo una buena parte de las propuestas creativas del pasado siglo.
Antonio Narejos